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EFECTOS DE LA GUERRA ENTRE IRÁN, ESTADOS UNIDOS E ISRAEL EN LA ECONOMÍA GLOBAL
Y EN CHILE

05 MAYO 2026
Por Mg. Salvador Aparicio Matamala
En el contexto geopolítico actual, las tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel han generado un escenario de alta incertidumbre a nivel global. Aunque no siempre se trata de una guerra abierta convencional, los conflictos indirectos, sanciones económicas, ataques estratégicos y disputas en Medio Oriente tienen repercusiones significativas en la economía mundial como un real efecto dominó. Estas tensiones impactan variables clave como el precio del petróleo, la inflación, la actividad económica y el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), afectando tanto a economías desarrolladas como emergentes, incluyendo a Chile.
Uno de los principales canales de transmisión de este conflicto hacia la economía global es el mercado energético. Irán es un actor relevante en la producción de petróleo, y cualquier interrupción en su oferta, ya sea por sanciones o conflictos militares, tiende a elevar los precios internacionales del crudo. A esto se suma el riesgo geopolítico en el estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio energético mundial. Cuando aumenta la incertidumbre en esta zona, los mercados reaccionan con alzas en los precios, lo que genera presiones inflacionarias a nivel global.
El aumento del precio del petróleo tiene efectos directos en la inflación. Al encarecerse los combustibles, se incrementan los costos de transporte y producción, lo que se traduce en mayores precios para los consumidores. Este fenómeno, conocido como inflación de costos, obliga a los Bancos Centrales a aplicar políticas monetarias más restrictivas, como el aumento de tasas de interés, lo que a su vez desacelera la actividad económica.
En términos de actividad económica global, las tensiones geopolíticas generan incertidumbre, lo que reduce la inversión y el consumo. Las empresas tienden a postergar proyectos y los mercados financieros experimentan mayor volatilidad. Esto puede traducirse en una desaceleración del crecimiento económico global. Organismos internacionales han proyectado que un aumento sostenido del conflicto podría reducir el crecimiento del PIB mundial en varios puntos porcentuales, dependiendo de la magnitud de la escalada.
En el caso de Chile, los efectos se transmiten principalmente a través de tres canales: el precio de los combustibles, el tipo de cambio y el comercio internacional. Chile es un país importador neto de petróleo, por lo que un aumento en su precio impacta directamente en los costos internos. Esto se refleja en mayores precios de transporte, electricidad y bienes de consumo, presionando la inflación local.
Además, en escenarios de incertidumbre global, el dólar tiende a fortalecerse como activo refugio. Esto provoca una depreciación del peso chileno, encareciendo las importaciones y amplificando las presiones inflacionarias. A su vez, un tipo de cambio más alto puede beneficiar las exportaciones, pero este efecto positivo suele verse limitado si la economía global se desacelera.
Otro aspecto relevante es el impacto en el crecimiento económico. Una menor actividad global reduce la demanda por materias primas, incluyendo el cobre, principal exportación de Chile. Esto afecta los ingresos fiscales y el desempeño del PIB. En escenarios adversos, se proyecta que el crecimiento económico de Chile podría verse reducido, especialmente si el conflicto se prolonga en el tiempo.
En cuanto a proyecciones, si el conflicto se mantiene en un nivel de tensión controlada, los efectos económicos podrían ser moderados y transitorios. Sin embargo, una escalada mayor, que involucre interrupciones significativas en el suministro energético o conflictos militares directos, podría generar un shock económico global más profundo. Esto incluiría un aumento sostenido de la inflación, menor crecimiento económico y mayor volatilidad en los mercados financieros.
Desde una perspectiva estratégica, los países y organizaciones deben fortalecer su capacidad de adaptación frente a estos escenarios. Esto implica diversificar fuentes de energía, mejorar la eficiencia productiva y fortalecer las políticas macroeconómicas. En el caso de Chile, mantener la estabilidad fiscal y una política monetaria creíble es clave para enfrentar estos shocks externos.
En conclusión, las tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel representan un factor de riesgo relevante para la economía global. Sus efectos se manifiestan en variables clave como la inflación, el crecimiento económico y el comercio internacional. Para Chile, estos impactos se traducen en mayores costos, presiones inflacionarias y desafíos para el crecimiento. Comprender estos fenómenos permite anticipar escenarios y tomar decisiones más informadas en contextos de alta incertidumbre.